GRÁVALOSDIMONTE, Arquitectura Zaragoza

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Proyecto de Rehabilitación para Residencia de Mayores Hogar Doz en Tarazona

El envejecimiento de la sociedad, así como el incremento de la soledad, ha pasado a constituir una de las mayores problemáticas de la realidad contemporánea. La exaltación de la juventud, iniciada a lo largo de los años sesenta, ha ido aumentando progresivamente mientras que la figura del mayor o anciano se ha ido devaluando hasta pasar a ser considerado un componente residual en muchas de las sociedades. Como no puede ser de otra forma, esta dinámica ha provocado la preocupación de los gobiernos europeos hasta el punto de crear ministerios específicos de la soledad, conscientes de su importancia en la articulación de la sociedad actual.

En este contexto, cobran especial importancia aquellas tipologías arquitectónicas destinadas a dar una respuesta a este tipo de problemática, muy determinadas por usuarios de avanzada edad y con diversos grados de discapacidad. Desde la perspectiva arquitectónica resulta ineludible abordar estas situaciones con especial atención, aportando las soluciones necesarias para las posibilidades de interacción e integración de este sector de la población. Desde la disciplina arquitectónica y a través de modelos innovativos, se puede incidir en gran manera en esta peculiar manera de concebir el tiempo y el espacio.

Es en ese contexto donde surge la idea innovadora de las UNIDADES DE CONVIVENCIA, cuyos principales objetivos son:

  • Favorecer la percepción del espacio como “hogar”.
  • Establecer ambientes afectivos.
  • Permitir la apropiación del espacio favoreciendo su personalización.
  • Favorecer la implantación de espacios exteriores.
  • Implementar una escala humana a los módulos residenciales.

 

 

El ambiente afectivo

Los espacios de las unidades de convivencia deben hacer sentir al usuario que se encuentra en su propio hogar. Para ello, la arquitectura no debe tener un carácter impositivo, sino que debe permitir personalizar algunos de los espacios en función del bagaje emocional del residente. En este sentido, juegan un papel fundamental los recuerdos y en concreto, por utilizar la terminología de Aldo Rossi, los “objetos de afecto”: aquellos objetos que contengan experiencias o narraciones personales (foto, libro, jarrón, máquina escribir) y que en este caso dispondrán de una escenificación especial.

A lo largo de las zonas comunes, se disponen de espacios específicos en los que cada usuario podrá colocar aquellos objetos que le permitan apropiarse emocionalmente del espacio y hacerlo suyo. Esto no solo sucederá en la sala común, sino que cada habitación, a lo largo del pasillo, dispondrá de un elemento de personalización, pasando de ser considerada una distribución abstracta a percibirse como un universo personal.

El hogar

El lento transcurrir del tiempo y la limitación inevitable del espacio, considerados en la actualidad fundamentalmente como una anomalía, exigen soluciones específicas para evitar la discriminación o el abandono de la población envejecida. La accesibilidad, la funcionalidad y la legibilidad del espacio deben procurar clarificar recorridos en situaciones tendentes a la desorientación y a una mejora general de las formas de habitar.

Pero no solo eso, desde un punto de vista emocional, deben permitir establecer vínculos que generen sentido de pertenencia. Quizá, tal y como plantea la memoria de las bases, esta sea una cuestión primordial en este tipo de intervenciones: crear un hogar, concebir la residencia como la continuación de un espacio familiar que, por las razones que sean, ha quedado interrumpido. En este sentido es fundamental evitar una tabula rasa y facilitar la conservación de recuerdos a través de las pequeñas apropiaciones del espacio.

Como se ha comentado, resulta de capital importancia la percepción del espacio como un espacio humano y personal en el que poder vivir. Además de las estrategias generales, se ha considerado la significación especial que en esta cuestión desarrollan las diferentes materialidades y tonalidades. Culturalmente, existen una serie de asociaciones que integran la memoria colectiva del espacio.

La naturaleza

Otra línea estratégica que se ha considerado para humanizar el espacio es la incorporación de la vegetación, tanto como atributo de los espacios interiores como de los exteriores. La vegetación se entiende aquí no solo como mejora ambiental, sino como un elemento simbólico de los cuidados

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